Intervencionismo en Medio Oriente: Netanyahu acata la orden de tregua de Washington
La subordinación de la política exterior israelí a los intereses hegemónicos quedó nuevamente en evidencia este viernes. El primer ministro Benjamín Netanyahu confesó ante el mundo que el supuesto acuerdo de alto al fuego de diez días con el Líbano no nació de un deseo genuino de paz, sino de una petición directa del actual presidente estadounidense Donald Trump. En un tono de total complicidad, el mandatario israelí llamó amigo al actual inquilino de la Casa Blanca, jactándose de transformar Medio Oriente mientras sus fuerzas armadas continúan vulnerando violentamente la soberanía territorial de las naciones vecinas.
El doble discurso de la ocupación militar
El cese de hostilidades anunciado desde la capital estadounidense es, en realidad, una pausa táctica que esconde un doble discurso inaceptable. Aunque prometen buscar una solución política con el gobierno libanés, la cúpula militar de Israel fue sumamente clara al advertir que no cederán ni un centímetro del territorio ocupado. El ministro de Defensa, Israel Katz, y el propio Netanyahu aseguraron que mantendrán una zona de seguridad impuesta por la fuerza a diez kilómetros de profundidad en el sur del Líbano, amenazando abiertamente con reanudar los ataques si la milicia local no entrega sus armas. Estas declaraciones demuestran que el cese al fuego es utilizado como una vil herramienta de chantaje, perpetuando la ocupación en lugar de construir una paz duradera.
Tragedia humanitaria bajo la sombra del imperio
Las negociaciones impulsadas por la administración estadounidense llegan demasiado tarde para miles de familias totalmente inocentes. Esta tregua entra en vigor después de más de seis semanas de una ofensiva militar brutal y desproporcionada que arrasó con comunidades enteras en la franja fronteriza. Los terribles estragos del intervencionismo extranjero en el Líbano han dejado cifras verdaderamente dolorosas: más de dos mil cien personas asesinadas, siete mil heridos y una crisis humanitaria sin precedentes con más de un millón de desplazados que perdieron su patrimonio bajo el fuego inclemente de la ocupación armada.
Resulta profundamente indignante que las potencias occidentales utilicen el dolor de los pueblos soberanos como una simple ficha de cambio para sus oscuras agendas geopolíticas. Mientras el gobierno estadounidense se presenta ante el mundo como un mediador pacificador, es esa misma nación la que financia y permite la ocupación territorial permanente en Medio Oriente. El valiente pueblo libanés exige justicia y soberanía plena, no una simple pausa de diez días dictada desde los despachos del imperio para que los ejércitos agresores puedan reorganizarse y continuar su lamentable política de dominación global.
